Teatro

El Teatro Clásico
Siglos IV a.C. y VI d.C.

Se comienza con el teatro griego y el teatro romano entre los siglos IV a.C. y VI d.C., que se consolida a través básicamente de los dos grandes géneros dramáticos: la Tragedia (Esquilo, Sófocles y Eurípedes) y la Comedia (Aristófanes y Menandro). En España destacan los ejemplos de Mérida (desde 1933, viene siendo utilizado para la representación y es origen de uno de los festivales de teatro más prestigioso de España) Sagunto, Itálica y Segóbriga.

Tras la caída del Imperio romano esta cultura clásica se pierde y entonces, el teatro en la Edad Media gira en torno a dos fiestas religiosas: Navidad y Pascua de Resurrección. Al final de las ceremonias religiosas solían representarse junto al altar algunas escenas de la vida de Jesús. Poco a poco van introduciéndose en estas escenas elementos profanos ajenos a la religión, convirtiéndose en verdaderas representaciones teatrales, pasando a ser representadas en los atrios de las iglesias. Finalmente los elementos profanos superan a los religiosos y el teatro se convierte en un espectáculo para el pueblo, representándose ya en las plazas públicas. La Fiesta o Misteri d'Elx constituye una de las piezas claves del teatro religioso europeo de origen Medieval, celebrada cada año durante los días 14 y 15 de agosto en el interior de la Basílica de Santa María de la ciudad de Elche.

La representación está inspirada en varios textos tomados de los Evangelios Apócrifos, muy populares durante la Edad Media, y describe la Muerte, Asunción y Coronación de la Virgen María. Se trata de la única obra de su género que se ha seguido representando ininterrumpidamente hasta la actualidad. También hay que destacar la obra de Fernando de Rojas, la Celestina, que según los especialistas, fue presentada entre el 21 de mayo y el 21 de junio de 1499.

Durante la Edad Media, y en relación con el pasado, el cambio es total, hasta el punto de que, arquitectónicamente, el teatro ya no existe. Las primeras compañías ambulantes dejaron de representar en las plazas mayores y comenzaron ofreciendo sus representaciones en los patios interiores de casas o posadas, lugares cerrados donde era más fácil recaudar la entrada. Así es, en los Siglos de Oro, cuando empezaron a construirse los primeros edificios para representaciones teatrales, su forma imitaba la de estos corrales. Estos es el caso del Corral de Comedias de Almagro. escenario del Teatro Municipal

El público ocupaba, tras el pago de una entrada, los balcones, ventanas y gradas que se distribuían por los tres lados que cerraban el corral. Abajo en el patio se amontonan los hombres. Las mujeres del pueblo están sentadas en el corredor alto, frente al escenario, la "cazuela". En el escenario -que ocupa el fondo del patio- apenas hay decorados, pero las palabras de los cómicos transportan al espectador al lugar de la acción. Los corrales se llenan con las obras de los grandes dramaturgos de este siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, entre otros. Por diferentes motivos, estos corrales de comedias dejan de usarse y se empiezan construir los teatros actuales, llamados “teatros a la italiana”, donde además de las representaciones teatrales, hay también representaciones musicales (como la ópera, la zarzuela, el género frívolo...), danza. En Almagro, siguiendo esta tipología, se construye el Teatro Municipal en 1863 por el arquitecto provincial Cirilo Vara.

En el siglo XVIII, el afán reformista de los ilustrados se lleva también al teatro, con la búsqueda de la naturalidad en escena, aplicada en España por el mejor dramaturgo del siglo, Leandro Fernández de Moratín. De acuerdo con estos postulados Moratín escribió, entre otras obras, El sí de las niñas, La comedia nueva o el café, etc. Las obras más aplaudidas por el público pertenecían a los géneros de la comedia de magia, la comedia heroica, la comedia sentimental y el sainete, cuyo máximo representante fue Ramón de la Cruz, quién llevado de un afán moralizador ante la sociedad de su tiempo, eligió este género para intentar cambiar, desde el teatro, las actitudes y vicios existentes. La mayor parte de su producción fue de carácter marcadamente costumbrista y superficial pese a la perfección técnica de su construcción dramática.

El siglo XIX es el del teatro romántico, que pretendía retratar al hombre, al mundo y a la historia, cuyas formas más características fueron la tragedia y el melodrama. El mejor símbolo del teatro romántico es el género de la ópera que se desarrolla en este siglo. Pero como la ópera no arraiga en España, el género musical más exitoso fue la zarzuela.

Es un teatro de intrigas complicadas, de fantasmas, de bosques encantados, de ruinas grandiosas, de venenos, de claros de luna, y, por supuesto, de amor y de muerte. Aparecen nuevos inventos técnicos: gas, electricidad, proyectores, máquinas de vapor, máquinas elevadoras, escenarios giratorios etc., que se incorporan en los melodramas y los teatros compiten por conseguir los efectos escénicos más sensacionales en sus espectáculos. Los decoradores y tramoyistas se convierten en las verdaderas estrellas.

Es decir, la preponderancia de efectos visuales en detrimento de la acción teatral. En España el teatro romántico tuvo su modelo en el teatro francés, y los dramaturgos románticos españoles fabricaron un producto a imitación de los franceses. Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas, o el Don Juan Tenorio, de Zorrilla son dos exponentes de este teatro.

A principios del siglo XX, las compañías teatrales hacen un teatro convencional y conservador con el fin de complacer al público. Hasta 1936 los mayores éxitos teatrales corresponden a tres géneros muy populares: La comedia costumbrista (Jacinto Benavente), el sainete madrileño (Carlos Arniches) o andaluz (Los Hermanos Álvarez Quintero) y el humor disparatado (Pedro Muñoz Seca). La zarzuela se refugia en la visión amable y edulcorada de la realidad; el sentimentalismo se adueña de los asuntos, cada vez más arraigados en el casticismo y en el regionalismo.

Representación teatral

Autores y directores con planteamientos al margen de lo meramente comercial buscaron otras formas para poner en escena sus obras, fuera del circuito de los grandes teatros. Desde el madrileño teatro Eslava, Gregorio Martínez Sierra, autor y director de escena, emprendió una reforma artística del espectáculo teatral, contando con los mejores escritores (Marquina, Ibsen, Dumas, Molière, Zorrilla,...), escenógrafos y pintores (Fontanals, Barradas, Zamora, Burman, Vilumara, Ontañon, Penagos,....), músicos (Falla, Turina, Luna,...) y con Catalina Bárcena, como primera actriz de su Compañía Cómico Dramática. Entre estas formas teatrales, enmarcadas dentro de la primera vanguardia, destacan la labor del teatro universitario o de formaciones como "La Barraca" de Federico García Lorca, "El Caracol", de Valle-Inclán o "El Mirlo Blanco", de Baroja. De esta manera se trata de contrarrestar el teatro de repertorio que llenan Echegaray y sus seguidores, zarzuelas arrevistadas, variedades y otros espectáculos calificados de ínfimos, sainetes costumbristas con diálogos superficiales, que convivían con la dignidad del teatro de Benavente o Pérez Galdós.

Otro género importante dentro del teatro musical español fue el "género chico" (teatro por horas), caracterizado por la sencillez de su argumento, por su escasa duración, y la poca trascendencia de su contenido, aunque se dieran obras maestras como La verbena de la paloma, La revoltosa y El dúo de la africana. Buena parte de las obras del género chico son costumbristas. En 1911 se inauguró el Trianon Palace de Madrid, y ese puede ser considerado como el momento del despegue del cuplé, y más en general del llamado Género Frívolo. Las letras de las canciones caracterizadas por su tono picante, cuando no abiertamente sicalíptico, eran acompañadas por los movimientos sugerentes de sus intérpretes, en muchas ocasiones ataviadas con atrevidísimas vestimentas, que causaban letra, música, contoneo y escandalosos "modelitos" el gozo y la pasión del público asistente. Madrid fue conquistado por y para el cuplé.

Antes de 1936, el teatro era un verdadero "vicio nacional", lo que se traducía en el gran número de locales y de obras estrenadas de autores y en la gran popularidad de actores y actrices. Finalizada la guerra civil y reorganizada la actividad teatral se sumaron a ella una larga lista de creadores: autores, directores, actores, escenógrafos, figurinistas, técnicos, etc., que cambiaron la realidad de nuestra escena y contribuyeron a su modernización.

En 1952, el Ministerio de Información y Turismo, creó los Festivales de España, tomando como base los Festivales de Santander y Granada, con el fin de acercar las diversas manifestaciones de teatro, zarzuela, ópera y danza a todos los rincones de España, al menos una vez al año. Para ello se lanzaron a la conquista de espacios singulares: fachadas de catedrales, jardines históricos, castillos etc, se cumplía así la voluntad de recuperación, no sólo de espacios solemnes, sino que ante ellos se presentaban unos textos que eran la edad de oro de nuestra literatura. José Tamayo, junto a otros directores y empresarios, fue el máximo exponente de estas representaciones.





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